¿Saben por qué la primera música que oímos es el arrullo de mamá? Porque ella sabe la importancia de ayudar a su hijo a dormir.
En este mundo acelerado, hemos dejado de respetar el valor del sueño, el sueño inocente, "sustento mayor del festín de la vida", como dice Shakespeare en su obra "Macbeth".
No es pecado dormir la siesta. No es virtud desvelarte toda la noche trabajando. El sueño es salud.
Entonces, arrulla a tus hijos y cuida su descanso. Enséñales a relajarse, y a tener un equilibrio entre la actividad y la paz. Disfruta con ellos ratos callados de tranquilidad que alivien un poco el estrés y el trajín de la vida diaria que tiende a ser tan acelerada que no tenemos tiempo ni para pensar, ni para convivir, ni para respirar.
Toma un "break", y dentro de tu casa protege un espacio para el descanso. Establece horarios y rutinas para dormir, tal vez más importantes que los procedimientos que seguimos para llenarnos de actividades.
¡Shh! A callarse: que el niño está dormido.
Foto © Denys Dolnikov | Dreamstime.com
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