Es sorprendente a veces ver a muchos hijos "huerfanitos" quienes andan por el mundo sin que nadie los pele, por mal portados que sean.
Últimamente he estado en lugares públicos donde parece que los papás no existen: los niños andan sueltos por todos lados, gritando y echando relajo, y no hay quién se conecte con ellos para decirles, "Oigan, tranquilos. Se pueden lastimar."
En el súper, en el restaurant, en la escuela durante eventos públicos y hasta en la iglesia abundan los "huerfanitos" cuyos papás pueden estar a su lado sin ponerles la más mínima atención, como si se fueran a desaparecer por acto de magia con todo y su mal comportamiento.
En un lugar público, es responsabilidad del papá cuidar y corregir a sus hijos, por su propia seguridad y bienestar. Un niño que corre en un restaurant o se tira al suelo en la iglesia necesita una atención especial, porque no tiene idea de la conducta adecuada que se espera en estos lugares. Por consecuencia, si no aprende a comportarse, no será bienvenido ni aceptado.
Entonces, como papás tenemos la obligación de enseñar a nuestros hijos lo que se espera de ellos. La conducta se enseña y se practica.
No dejemos que nuestros hijos sean "huerfanitos". Hay que atenderlos, dándoles las herramientas necesarias para comportarse adecuadamente en todos lados.
Foto © Wavebreakmedia Ltd | Dreamstime.com
Comentarios