A muchas mujeres nos educaron con la clásica imagen de la madre abnegada, quien da todo por sus hijos sin nunca pensar en si misma.
La mujer que sacrifica su propia felicidad por la de sus hijos es un mito peligroso que se presta al chantaje y a la manipulación. Es lógico: si tú sientes que has renunciado a todo lo que te gusta, entonces tus hijos deben corresponder. Deben renunciar también sus sueños y su autonomía para validar tu sacrificio. Una vida por una vida.
Nada más que tú escogiste tu sufrimiento, y ellos no.
¿Por qué no te liberas y mejor escoges ser feliz? Como mujer y ser humano con todo el derecho de cambiar, crecer y aprender. Con todo el derecho de disfrutar tu vida y compartirla gustosamente con tus hijos.
Así ellos pueden aprender de ti una gran lección: todos tenemos el derecho y la responsabilidad de ser felices.
¡Manos a la obra! Aprendamos a expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades. Aprendamos a respetar los deseos y los anhelos de los demás. Aprendamos a ser mamás felices sin negar nuestro propio ser. Ser madre es dar vida, no retenerla. Suelta a tus hijos a seguir tu ejemplo.
Foto © Alicia Shields | Dreamstime.com
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