Un espejismo es algo que vemos reflejado que no es real. Así es a veces con nuestros hijos: pensamos vernos reflejados en ellos, porque verdaderamente tienen algunos rasgos muy parecidos (no es raro, porque tienen nuestro ADN), y luego de repente--pues nada que ver.
Un hijo es una lección en singularidad: no hay nadie igual, ni habrá jamás. Hasta entre los gemelos idénticos hay grandes diferencias de temperamento, gustos e inteligencia.
Por lo tanto, no creas que tu hijo pueda ser tu espejo. Tienes que conocerte a ti mismo, y dejar que él se conozca por su lado. Disfruta las cosas que tengan en común, pero aprende a gozar más de las diferencias.
¡Que aburrido y fastidioso sería educar a un clon de ti mismo! ¡Que viva la diferencia!
Foto © Robert Kneschke | Dreamstime.com
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