Uno de los retos más grandes para mí como mamá ha sido aguantar las enfermedades de mis hijos. Me siento impotente; sufro con ellos y los quiero apapachar excesivamente. Me siento culpable: ¿cómo los pude dejar enfermarse así? Y cuando no reaccionen a la primera, me obsesiono y quiero lograr la cura inmediata.
Nada de eso es sano. De ninguna manera. Y no ayuda a los hijos a mejorar.
Para apoyar a tus hijos en la enfermedad, inclusive cuando estén internados en un hospital, hace falta la calma. Tienes que aceptar que todos nos enfermamos, y que no es culpa de nadie. Tienes que asumir el compromiso de buscar la mejor ayuda médica disponible. Pero a fin de cuentas no puedes tú curar a tus hijos. Lo único que puedes hacer es apoyarlos con fe y tranquilidad para que pasen ellos rapídamente de la enfermedad a la salud.
Entonces, no te desesperes. Asesórate con un buen pediatra, confía en Dios y confía en el buen estado de salud que tus hijos han gozado bajo tu vigilancia diaria. Si tienen buenos hábitos de alimentación, duermen sus horas y hacen ejercicio, lo más seguro es que tengan buenas defensas para luchar en contra de la enfermedad.
Sé paciente, para apoyar al paciente. Y por difícil que parezca, relájate, infórmate bien, y toma buenas decisiones. Eso sí es sano.
Foto © Robhainer | Dreamstime.com
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