Cuando vas de vacaciones con tus hijos, puedes corretearlos por el aeropuerto, pidiéndoles que no griten, que se sienten, que no molesten a los adultos…o puedes jugar con ellos.
Aunque no lo creas, la estancia en el aeropuerto ofrece una oportunidad de oro para entretener a tus hijos con retos que enriquecerán el viaje y hasta les ayudarán a repasar cosas que hayan aprendido en la escuela.
Sobre todo, estas actividades ayudarán a los niños a fijarse en los detalles del ambiente que los rodea, una habilidad necesaria para ser buen viajero.
Aquí hay unas sugerencias:
- Preparar el terreno.
Antes de salir de viaje, equipa a cada uno de tus hijos con un cuaderno de hojas cuadriculadas y un pequeño estuche con un lápiz, una goma y unos colores.
Explícales que van a tener una misión especial en el aeropuerto mientras esperen la salida de su vuelo.
- Retos usando las matemáticas.
¿Cuántos asientos hay en una hilera? ¿Cuántos lugares están vacíos? Cuál es el porcentaje de asientos ocupados?
Si asignas una hilera a cada uno de tus hijos, pueden ver cuál se llena más rápido, y cuánto cambia la hilera cada 5 minutos.
Ahora, reta a tus hijos a encontrar el color de maleta más predominante (negro), y contar el equipaje negro en cada hilera.
¿Cuál es el color menos representado, y cuántas maletas o bolsas hay de este color? Invítales a hacer una comparación entre los dos colores. En su cuaderno con hojas cuadriculadas y unos colores, pueden hacer una gráfica.
- Interpretar información.
Invita a tus hijos a ver la pantalla de las salidas, y a recabar los siguientes datos:
- Una lista de las aerolíneas mencionadas
- De qué sala parte el siguiente vuelo a New York, Dallas o Los Ángeles
- A qué hora sale el siguiente vuelo nacional
- A cuál destino sale el primer vuelo internacional
Además de entretenerlos leyendo, les estás dando práctica en usar las herramientas del viajero para que en el futuro se hagan autónomos. Ahora, pídeles que usen la pantalla para estar al pendiente del vuelo de ustedes.
- Manejar dinero.
Dale a cada uno de tus hijos una bolsita tamaño sándwich con monedas de diferentes cantidades. Mándales a la tienda más cercana a comprar unos chicles. El reto es usar el máximo número de monedas y llegar con el cambio.
Ahora pueden ir a otra tienda a buscar el objeto más caro, y el más barato. ¿Cuánto es la diferencia entre los dos objetos?
Finalmente les puedes pedir un presupuesto para comprar una pequeña lista de cosas para viajar (una revista, una pasta de dientes, unas papas y una botella de agua, por ejemplo). Que hagan la suma para decirte la cantidad exacta.
- Imaginar.
Escoge a tres personas desconocidas en la sala de espera y reta a tus hijos a adivinar de dónde son. Invítales a usar su imaginación para inventar un cuento sobre ellos, su origen, su destino y algo sobre su vida.
Ahora, que cada uno apunte los detalles más sobresalientes de sus personajes, y que los dibuje en su cuaderno para compartir más adelante.
- Localizar en un mapa.
Usando la pantalla de salidas, que tus hijos hagan una lista de todos los destinos. Cuando estén en el avión podrán buscar cada una de las ciudades en el mapa que se encuentra en la parte de atrás de la revista de la aerolínea.
¿Cuáles son los lugares más repetidos? ¿Los menos repetidos?
- Hacer un rally.
Antes de llegar al aeropuerto, haz una lista de objetos comunes que tus hijos tendrán que buscar y palomear en la hoja. Saca copias de la lista y se la das al llegar a la sala.
Algunos ejemplos pueden ser:
- Un recipiente de Starbucks
- Una silla de ruedas
- Una pañalera rosa
- Unos audífonos Bose
- Unos zapatos rojos
- Unos chicles Juicy Fruit
- Un libro para niños
- Un periódico en otro idioma
- Escuchar.
La regla es el silencio. El reto es hacer una lista de todos los sonidos que se escuchen dentro de la sala en el espacio de 10 minutos. El ganador es la persona con la lista más larga. (Y tú, por supuesto, que te has ganado un ratito de tranquilidad. ¡Disfrútalo!)
- Disfrutar.
Aunque este “juego” tal vez no se pueda contabilizar tan fácilmente, el reto es encontrar lo positivo en todo, y gozar el paseo simplemente por el hecho de haber salido de casa a descubrir algo nuevo.
El camino vale más que el destino: en las palabras del poeta español Antonio Machado, “se hace camino al andar…”


